No me puedo morir...
...sin antes visitar este intrigante, para mí, pueblo de Lanzarote:

Ya tenía ganas de pasarme por esa isla algún día, pero ahora podré evitar tenerlo en mi mente cada día....
pd: ya era hora de decir alguna estupidez, ¿eh?
...sin antes visitar este intrigante, para mí, pueblo de Lanzarote:

Ya tenía ganas de pasarme por esa isla algún día, pero ahora podré evitar tenerlo en mi mente cada día....
pd: ya era hora de decir alguna estupidez, ¿eh?
Vamos a dejar de lado la estupidez suprema de Móstoles con la que comenzé este diario, que, por suerte, nadie lee. Así pues comenzaremos con un tema de debate entre yo... y tú, o sea, nadie. A menudo hablar con nadie suele ser más interesante que lo contrario; no hablarle. Mira que bien, este puede ser el tema de debate, aún no lo tenía pensado y... hablar con nadie, a nadie, de nadie me ha iluminado. Vaya... que eternos son los sentimientos del ser humano... por muy pronto o muy tarde que desaparezcas, siempre quedarán unos cuantos miles de millones que tendrán las mismas sensaciones que tú. Y te hablarán a tí, a nadie. Durante largas, largísimas madrugadas... sollozando, por insomnio, estrés... da igual la causa, somos lo mismo. Por eso nada de lo que escriba yo aquí le va a sorprender a nadie, (Bueno, a él quizá sí... permitidme que me tome esta licencia cómico-apestosa), lo único que puedo llegar a conseguir en la vida es plasmar, de algún modo, los sueños e ilusiones mentales de todos. Aquellos que no se dignan a salir de la mente con tanta facilidad como la lista de la compra. Pero al fin y al cabo, no llegaré nunca a tener una idea única... Durante miles de años existieron personas aventajadas, pero no únicas. Da Vinci, Julio Verne... Personas que fantaseaban con una idea en principio única, que después otros llevaron a la práctica completamente convencidos de la unicidad de ésta. Manda huevos...