¡Hoy no trabaja nadie!
Mira, parece mentira, pero el mito de los viernes por la tarde se cumple una vez más. Cuando llegé a las cuatro y media, pude observar de un golpe como el parking del polígono donde trabajo está a un 10% de su ocupación habitual. Aún así, después de ver esto, con un cielo completamente despejado donde la única sombra es la del puente que se avecina, decidí subir las escaleras y cumplir con mi obligación. Para más inri, sólo dos personas en la oficina, contándome a mí, claro, de unos cinco o seis trabajadores habituales. Entonces, al rato de empezar a plantearme que voy a hacer para no pegarme un tiro, el que quedaba, el gerente, me cuenta que se va al corte inglés, que me deja las llaves por si se entretiene y viene más tarde para que cierre yo. Así pues, ya estoy sólo... un viernes por la tarde, preludio de cuatro días festivos en medio del mes más veraniego del año, tratando de no irme de aquí, porque, está visto que no puedo hacer nada; nadie, nadie, nadie llama. No está trabajando nadie, joder, esta tarde tiene todas las papeletas para echarse a perder. Me voy.
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