No me encuentro nada cómodo en esta situación; todos los miedos, temores, dudas, que he tenido antes de dar el paso, se han ido cumpliendo poco a poco y minando la mente. Quizá dentro de un tiempo todo pueda ser distinto, no lo sé, no encuentro mi sitio ni mi forma de vida... Antes pensaba que tener tiempo libre sería una suerte, pero este que ahora me sobra, era antes el empleado en otros menesteres, que llenaban cierta parte de mi vida y de mi estómago. Tanto movimiento no me sienta bien, estoy entrando en la espiral del agobio... pero hoy por hoy no puedo dar marcha atrás, aunque me pese. Cuando llega la hora y el hambre aprieta, siento la necesidad de sentarme a comer sin agobios, comer en cantidad, comer en calidad. Y esto ha desaparecido, ya no como, tomo un tentenpie, lo justo para poder llegar a salvo hasta la cena, lo cual me debilita, me mina, como decía, de ahí la espiral. Si a este mejunge se añade el hecho de que el tiempo no se crea ni se destruye, siempre es el mismo, se llega a la conclusión de que la hora y media al volante viene a ser el rato de la comida, más o menos. Sólo que en este caso se van cuarenta euros a la semana en gasolina.
Cuando comencé con este blog estaba fumado, y decidí escribir siempre fumado... el momento era al llegar por la tarde a la oficina, cuando en algún rato libre sin jefes se podía uno conectar a este chisme con tranquilidad y dejar fluir la imaginación, o cualquier otra cosa. Llegar aquí con la barriga llena, saboreando aún el café y medio fumaete, era una buena sensación... aunque no se deba hacer, niños. Quiero decir que me afecta al ánimo, trato de alimentarme como debo, pero no siempre puedo. Me levanto tarde, como antes, como siempre, sólo que ahora llego una media hora después, no tengo tiempo de cocinarme nada por la mañana, si no hay algo que poder llevarse, debería haberlo hecho el día anterior, lo que supone una drástica reducción en eso del tiempo libre. Cabe la posibilidad de cocinar el fin de semana para toda la semana, pero me agobia sólo pensarlo... sé que este ritmo continuado que llevo ahora, lo lleva mucha gente, lo he llevado, pero no me acostumbro, no me siento sano.
Después está el tema de sentirme sólo y lejos, cosa que preveía, pero no tenía clara... Estoy obligado a coger el coche vaya a donde vaya, no poseo independencia para sentirme libre. En cualquier ciudad necesitas un parking para el coche, más dinero, debes estar pendiente de lo que bebes y de la hora a la que vuelves, todo se torna más complejo y regresas a casa casi siempre solo. Moverse tanto cansa... sobretodo cuando tienes tantas responsabilidades encima, tanto que hacer y tan pocas ganas.
El agobio es máximo, el agobio avisó en su momento, hizo su pequeña aparición en forma de dudas, temores. Si hoy escribo estas líneas es porque creo haber tomado una decisión equivocada, estar en un lugar de paso que no siento mío no me ayuda, aunque una y otra vez recuerdo que esta decisión fue impulsada por los de mi alrededor cuando estaba derrumbado, y por el orgullo de no permitir que un padre que no te hace caso venga a última hora a dar consejos sobre la guerra.